El día amaneció gris, sin pájaros, sin viento. Clara se despertó con los ojos pesados, como si hubiera dormido dentro de un sueño que no quería soltarla. La sábana seguía en el suelo. No había tenido el valor de volver a cubrir el espejo.
Al entrar de nuevo en la habitación de su abuela, lo encontró tal como lo había dejado… o al menos, eso pensó. Porque algo era diferente. El marco. El color. ¿No había sido dorado? Ahora parecía más oscuro, más antiguo, con una pátina rojiza, como si algo lo hubiese manchado desde dentro.
Se acercó con cautela. Su reflejo la miraba, pero no de la manera habitual. Había un leve retraso en el movimiento, casi imperceptible. Levantó la mano. Su reflejo la imitó… apenas una fracción después. Bastaba ese segundo para incomodarla profundamente.
- Esto no tiene sentido… - murmuró, tocando el cristal.
Estaba helado. Pero no frío normal. Frío como el mármol de una lápida. Y entonces, por un instante, no vio su rostro. Vio otro.
Una mujer, de cabello oscuro, con los labios cosidos por una línea de sangre. Unos ojos vacíos que la miraban con desesperación, como si suplicaran algo. Clara retrocedió con un grito ahogado y se golpeó contra la cómoda.
Volvió a mirar. Su reflejo había regresado. Todo parecía igual. Todo… menos el retrato de Rosalía, que ahora estaba en el suelo, el cristal hecho trizas. Nadie lo había tocado.
Se arrodilló, temblando, y recogió una de las fotos que había detrás del marco. Era antigua, en tonos sepia. Mostraba a su abuela joven, al lado de otra mujer. Ambas de pie frente al mismo espejo, aún más nuevo, aún más brillante. Detrás de ellas, entre las sombras, se podía distinguir una tercera figura. Borrosa. Deforme. Oculta, pero visible… si uno sabía dónde mirar.
Esa noche, Clara decidió hacer algo impensable: colocar una cámara frente al espejo, grabar en video mientras dormía. No porque esperara captar algo. Sino para probarse a sí misma que todo tenía una explicación lógica.
Al día siguiente, revisó la grabación. Las primeras horas no mostraban nada. El reflejo de la habitación, inmóvil. Pero a las 2:17, la imagen cambió. Muy lentamente, el espejo empezó a reflejar cosas que no ocurrían en la habitación real.
Un armario se abría solo. Una figura caminaba al pie de la cama. Clara, dormida, murmuraba palabras incomprensibles.
Y entonces, el reflejo de ella misma se sentó en la cama, con los ojos abiertos.
Pero en el video, Clara no se había movido.
La pantalla se volvió negra de repente, como si algo hubiera cubierto la lente.
Cuando levantó la vista de la cámara, el espejo la mostraba de pie. Pero su reflejo… sonreía.
Y ella no.

