Entrada del diario – 25 de julio
No sé exactamente cuándo empezó, pero anoche lo confirmé: alguien ha estado entrando a mi departamento mientras duermo.
Lo primero fue la lámpara. Juraría que la dejé del lado izquierdo del sofá, como siempre. Pero al despertar, estaba en la mesa de la cocina, encendida. Pensé que había sido yo. Uno a veces hace cosas en automático, ¿no?
Pero lo de hoy… fue diferente.
Esta mañana encontré una taza de café vacía en el fregadero. No la usé. No tomé café anoche. De hecho, ni siquiera me levanté de la cama. Me sentía agotado, como si me hubieran exprimido el alma.
Revisé la cerradura. Intacta. Las ventanas, también. Pero había algo raro: la alfombra de la entrada tenía una huella húmeda. Una sola. Como si alguien hubiese entrado y se hubiese esfumado sin dejar rastro.
No tengo enemigos. No tengo amigos, tampoco. Vivo solo desde hace años. Trabajo desde casa. No hay razón para que alguien me vigile.
Aun así, compré una cámara. La instalé en la sala, disimulada entre los libros. Esta noche sabré la verdad.
---
Entrada del diario – 26 de julio
Revisé las grabaciones esta mañana.
Durante horas no pasó nada. Solo yo, dormido, inmóvil. Hasta que, a las 3:12 a.m., la pantalla parpadeó. Un fallo de señal, pensé. Pero no. Al reanudarse la imagen, había algo en la sala.
Una figura. Alta. Quieta.
No se movía. Solo me observaba desde el umbral. No tenía rostro, pero podía sentir la presión de su mirada a través de la pantalla. Estuvo allí por más de una hora. Luego, con un movimiento casi imperceptible, giró la cabeza hacia la cámara.
Y sonrió.
No sé cómo lo hizo sin cara, pero lo juro… sonrió.
Después, simplemente desapareció. Ni un paso, ni una sombra. Nada.
Pensé en ir a la policía. Pero, ¿qué diría? “Hay una figura sin rostro entrando a mi casa a las 3 de la mañana y sonriendo a la cámara”. Me encerrarían.
Voy a mover la cámara a mi cuarto esta vez. Quiero saber si entra… si se acerca a mí. Si me toca.
Si ya lo hizo antes y no lo recuerdo.
---
Entrada del diario – 27 de julio
No sé si esto lo escribo yo. No me reconozco en estas palabras. La cámara estaba vacía. Vacía toda la noche. Y sin embargo, tengo marcas en los brazos. Como dedos. Cuatro en cada lado. Quemaban al despertar. Ya no. Ahora arden por dentro.
Lo peor no es eso.
Lo peor es que al revisar el video, justo antes de que la pantalla quedara en negro otra vez, la figura se giró. Y tenía mi rostro.
No entiendo qué está pasando.
Creo que esta será la última entrada.
Creo que ya no soy yo.


