"Capitán Strand estamos llegando a Charon. Aterrizaremos en los próximos cinco minutos." La voz de Paul Strickland resonó en todas las salas de FF126. "Atención compañeros, tomad asiento, sabéis como son los aterrizajes en suelo de lunas sin atmósfera."
"No quiero huesos rotos antes de lo debido." Añadió la oficial Vega desde su puesto en la enfermería. "Aunque para vuestra información lo tengo todo listo en caso de que alguien sufra algún percance. ¿verdad TK, Nancy?"
"Ay ay Jefa." Contestó Nancy Gilligan con la seriedad casi militar.
"Pero vamos a rezar porque los dioses no lo quieran y nos protejan." Sentenció Torres justo después.
"Que los señores de la gran oscuridad nos protejan." Añadió TK en voz baja y agarró un pequeño colgante que escondía siempre bajo su ropa entre sus dedos.
La voz del capitán resonó con fuerza por toda la nave, haciendo que el resto de la tripulación guardara silencio de forma casi automática.
"Bien chicos. Ya sabéis lo que venimos a hacer." Dijo el capitán por megafonía. "Charon es una luna pequeña y posiblemente el valor para el uso humano es bastante relativo o inutil, pero nos han dicho que hay que echarle un vistazo antes de comenzar a cerrar las posibilidades del Sistema Solar y empezar a mirar una posible expansión más allá de las fronteras conocidas."
"Que bien habla tu padre, TK." Dijo Nancy y le dio un codazo a TK, sentado a su lado, mientras se abrochaba el cinturón de seguridad. "No me extraña que estén pensando en ascenderle."
TK presionó con fuerza su cinturón, lo último que quería era salir volando, contra el techo en el momento del aterrizaje, demasiados huesos se rompían en ese momento. Sin embargo, no llegó a escuchar el clic final porque estaba demasiado ocupado escuchando lo que su compañera acababa de decirle.
Sin embargo, no hubo más explicación en sus palabras.
"¿Cómo has dicho?"
"Comenzamos con la cuenta atrás." La voz metálica de Paul proveniente de su micrófono apenas dejó que Nancy le escuchara.
"Pensaba que lo sabías."
"¿Qué es lo que tenía que saber?"
"Nos acercamos a Charon, turbulencias de nivel cinco," Seguía diciendo la voz de Paul. "Nada que tenga ser terrible, pero quien pueda marearse que tenga a mano una bolsa por si siente náuseas, que luego los de limpieza se enfadan."
"Ya sabes."
"¡No, no sé nada! Dímelo tú."
"Bueno, tu padre ha estado hablando con los de arriba por lo impecable de su carrera hasta ahora, sus misiones. Quieren darle un premio o algo así, no estoy segura, es lo que he oído."
"Bajamos, señores, señoras o como quiera cada uno que le llame." Siguió diciendo Paul. "Agarraos donde podáis, cuidado con apretar demasiado los dientes y atentos al dolor de oídos, ya sabéis que el aterrizaje se notara mucho en los tímpanos."
"¿Mi padre va a dejar la FF y no me ha dicho nada?"
"Y en las cuerdas vocales si intentáis llevar una conversación mientras descendemos." Añadió Marwani desde el otro canal.
Torres asesinó a Nancy con la mirada y ella le devolvió otra mirada como quien no sabe que ha hecho de malo, aunque sabía que no había sido la mejor idea poner nervioso a su compañero justo antes de una misión.
"Lo siento. Además, tampoco sé lo que va a hacer, solo son rumores y pensaba que los había oído."
"Hace mucho aprendí a no escuchar lo que dice la gente. Me hace daño."
Owen Strand era un buen hombre, aunque no lo decía él; lo había escuchado muchas veces, de todos los equipos de exploradores con los que había trabajado. Los de arriba contaban con él para todo y su opinión era siempre tenida en alta estima.
Había puesto en marcha la mitad de los equipos que ahora viajaban por el Sistema Solar inspeccionando lunas, asteroides y vigilando la terraformación de Jupiter, aunque si se le preguntaba a cualquiera de las personas que le conocía, dirían que había formado a todos los miembros de la fuerza espacial.
Había recuperado de las cenizas dos equipos que habían sido destruidos tras una lluvia de asteroides uno y un ataque de piratas el otro. El segundo, era el nuevo 126 que ahora comandaba con nueva gente, excepto por Judd Ryder, único superviviente del ataque y que todavía no se había integrado a la perfección en el nuevo equipo.
En este nuevo equipo, también estaba TK, su propio hijo, al que Owen había arrastrado con él desde su último puesto, en Europa, la luna de Jupiter, para intentar sacarlo del agujero personal en el que se encontraba.
TK también decía que Owen era un buen padre aunque sus encontronazos eran recurrentes, porque sus personalidades eran muy diferentes la mayor parte del tiempo, aunque no era nada extraño tratándose de un padre y un hijo que pasaban la mayor parte del tiempo juntos en el trabajo y que encima convivían bajo el mismo el techo o los dos metidos en la misma nave durante semanas o más tiempo.
Las discusiones eran lo mínimo que podía ocurrir entre ellos.
El resto del equipo había sido cuidadosamente escogido por el propio Owen.
"¡Abajo que vamos!" Fue lo último que dijo el piloto Strickland antes de que el ensordecedor ruido lo llenara todo en el interior de la FF126 y comenzaran a descender al interior de la pequeña luna de Charon.
Se hizo el silencio en la 126, el mismo que se creaba cada vez que se acercaba un aterrizaje; más porque no serían capaz de escucharse entre ellos que por no querer decirse nada.
Paul estaba a los mandos de la nave, sus más de diez años de experiencia le permitían manejar cualquier nave fabricada por equipos humanos de la Tierra o sus colonias todavía adyacentes con los ojos cerrados. Sin embargo, le gustaba ser precavido y nunca daba por hecho nada.
Cualquier imprevisto en el espacio podía suponer un falló mortal y demasiado rápido para ser evitado.
"Todas las comunicaciones con la base son perfectas capitán." Le informó Marjan Marwani a Owen. Como oficial de comunicaciones, la teniente se tomaba muy a pecho su nuevo trabajo. "El comandante Tyson pide mantenerle informado cada treinta minutos de todo lo que ocurra."
"Mira que es pesado." Dijo Judd entre dientes. "Nos habla como si fuéramos cadetes recién salidos de la academia interplanetaria."
Mateo Chavez se removió en su asiento en la última fila. Él era efectivamente un cadete, el único que el equipo llevaba consigo. La mayoría de los equipos, estaban formados por dos o tres cadetes a los que debían entrenar y preparar pero Owen se había negado.
"Es un riesgo." Había dicho cuando había formado su propio FF. "Las nuevas colonias son todavía mundos desconocidos y contra más nos acercarnos al anillo exterior del Sistema solar, más nos acercamos a encontrarnos con lo imposible."
"¿Está diciendo que pronto nos encontraremos con seres de otros mundos?" Le había dicho el comandante Billy Tyson en su última reunión antes de salir hacia aquella misión en la que se encontraban.
"No estoy diciendo nada señor." Owen miró a su superior y a las otras cinco personas que allí se encontraban. "No digo nada, porque no sé qué decir. Han leído los informes y las especulaciones que están dando las mentes más brillantes de la humanidad. El acontecimiento puede ser inminente y puede no ocurrir nunca. Pero si ha de pasar, no quiero encontrarme al mando de un equipo donde la mitad de mi gente sean novatos. Con todos los respetos, pero de ser así, moriremos todos antes de que la amenaza con la que nos encontremos, saque sus posibles armas."
Normalmente, los equipos de expediciones contaban, al menos, con un cadete por especialización. Vega debería tener uno para enfermería y Judd debería tener otro bajo sus órdenes para ingeniería.
Sin embargo el capitán Strand lo dejó muy claro. Un solo cadete entraría en su FF. Quería el mejor equipo especializado para acercarse a los confines del mundo conocido.
Solo iba a contar con un cadete, alguien que aprendería directamente de él. Había perdido ya bastantes hombres en el pasado, bastantes cadetes por intentar enseñarles y darles libertad de tomar de tomar decisiones cuando no estaban preparados.
Las misiones a las que el equipo de la FF126 iba a enfrentarse, desde las que esperaba más sencillas, hasta las que podían costarles la vida a alguno de sus miembros, no podían estar en manos de cadetes.
"Tyson puede esperar." Contestó finalmente el capitán Strand sin dejar de mirar la pantalla y los dos mapas celestes que comenzaban a agrandar la visión de Chartone conforme se acercaban a él para tomar tierra. "Lo único que me importa es que pongamos esta preciosidad en suelo de la luna y tengamos visualización de lo que nos espera al otro lado de la puerta."
"Sí capitán. ¿Quieren que le diga eso al comandante?"
"Lo que quiero que le digas, Marjan, y dile que son mis palabras exactas, es que le cedo todas las medallas que los de arriba tengan pensado ponerse si esta misión sale bien y consiguen instaurar una luna que rodee a los que llaman insurgentes. Todas para Tyson, pero que me deje tranquilo mientras pongo a mi gente al seguro y hacemos esta misión según todos los protocolos."
TK sonrió, el gesto orgulloso de un hijo hacia su padre.
Podía tener todos los roces con su padre por mil motivos diferentes, pero no cabía duda de que su padre era uno de los hombres con los principios más claros que TK había conocido en su vida. Al menos en lo que se refería al tipo de hombre de uniforme quería ser, su padre siempre sería su ejemplo a seguir.
"El comandante Tyson le manda un saludo de los que usted entiende capitán." Dijo Marjan.
"Por supuesto, no esperaba menos de él." Contestó Owen, haciendo un esfuerzo por no reír y mostrarse profesional.
"Algún día te meterás en problemas papá." Dijo TK levantando la voz para que su padre le escuchara a través del intercomunicador de su asiento en la enfermería.
"A mi edad ya no me importa demasiado, hijo."
"Y menos con el currículum del capitán." Añadió Mateo que siempre sacaba pecho de lo orgulloso que estaba de formar parte del equipo de Owen Strand.
"O por qué dentro de nada estarás en un puesto diferente, haciendo otras cosas y no tendrás que vérselas con el comandante."
"¿De qué estás hablando, TK?"
La pregunta de Owen se quedó en nada porque estaban llegando a su destino.
"Ahora sí, chicos." La voz profunda de Paul hizo a todos guardar silencio. "Necesito silencio y concentración por parte de todos. Estamos a punto de aterrizar y ya sabéis lo que eso significa."
Era una tradición humana desde que la primera nave se había posado en Marte casi 300 años antes. Una cosa era mandar robots a los diferentes planetas y lunas y otra muy distinta mandar las naves tripuladas.
300 años habían dado para todo tipo de accidentes, desde los más estúpidos por culpa de las inclemencias del tiempo, hasta los provocados por fallos humanos, por no haber estado preparados o porque las tripulaciones no habían estado atentas en el momento adecuado y mucho menos en el momento del aterrizaje.
Dejaron de respirar, todos habían sido entrenados para ese momento, aunque ninguno había llevado a cabo una misión como aquella en sus vidas. Estaban nerviosos y emocionados a partes iguales, estaban a punto de hacer historia, sus nombres podrían aparecer en los libros del futuro.
Charon era el final de la era conocida, la última luna que el hombre habitaría en el Sistema Solar antes de plantearse el salto al siguiente planeta habitable.
Cualquiera sabía que esa era una empresa, que cuanto menos, tardaría cientos de años en llevarse a cabo, nadie de los de aquella generación, ni las siguientes la vería llevarse acabo, pero completar aquella misión, poner la bandera de la Tierra, ese globo terráqueo rodeado de estrellas en fondo verde esperanza, en Charon y ver cómo se creaba una nueva colonia allí, cerraría un capítulo enorme para la humanidad.
Nadie podría decir eso más que ellos.
El equipo de la FF126 iba a poder decir que ellos cerraban la conquista del Sistema Solar y Paul sabía la gran responsabilidad que tenía en sus manos mientras manejaba los mandos de la nave con ayuda de la AI de la nave para ponerla en el suelo de Charon.
"Apagando motores, entramos en modo aterrizaje." Dijo una voz femenina.
"Te dejo el control Annabeth."
"No es necesario timonel Strickland." Contestó de nuevo la voz de la 126 que conseguía sonar casi completamente humana. "Además en mi programación no tengo permisos para realizar todos los comandos necesarios para el aterrizaje, necesito un humano, timonel en caso de emergencia y supervivencia."
"Qué optimista suena." Dijo Mateo por lo bajo pero todos le escucharon a través de sus conexiones.
"Es el límite de las AI, no pueden pensar por nosotros." Le aclaró Judd. "No pueden tampoco, decidir cuando se trata de la supervivencia de los humanos, ni para ponernos por delante de cualquier otra cosa, ni en el caso de que quisieran acabar con nosotros."
"¿Por qué iban a querer acabar con nosotros? Los hemos creado para ayudarnos." Siguió diciendo Mateo.
"Una vez que das libertad a cualquier tipo de inteligencia, esta puede rebelarse contra su creador. Se demostró en todas las simulaciones y lleva pasando desde hace más de 500 años."
TK lo había estudiado, porque era su gran pasión, el estudio de cualquier tipo de inteligencia y su gran fascinación por la inteligencia artificial, le había metido en alguno de sus problemas más grandes.
"Me tendrás que explicar eso, Ty."
"Qué si cerramos el pico y nos concentramos en pisar tierra antes de ponernos filosóficos." Protestó Paul y lanzó una mirada asesina a Mateo para que no dijera nada más. "Muy bien, entonces Annabeth; ahora que parece que nuestra tripulación nos deja trabajar tranquilos; necesito que hagas los cálculos necesarios para encontrar el mejor punto más plano, seguro y lejos de turbulencias y mal tiempo atmosférico para que aterricemos sin problemas."
"¿Cuánto tiempo quiere que permanezca la FF126 en Charon, timonel?"
"El tiempo necesario para que le llames Paul." Bromeó Nancy.
"Lo siento enfermera Gilligan, no dispongo de ese comando."
"No le hagas caso Annabeth." Paul se giró hacia Owen esperando que le dijera algo.
"Annabeth. La misión es rápida. Solo tenemos que averiguar si la Luna es estable para colocar una primera cúpula en la que una pequeña comunidad humana pueda trabajar para hacerla habitable con el tiempo."
Tras unos instantes de silencio, la voz de la AI volvió a sonar.
"El tiempo que me solicita capitán Strand será de dos días, tal vez tres si el tiempo nos acompaña y por lo que tengo en mis archivos, parece que así será, siempre y cuando no haya algún tipo de cambio de última hora, de lo contrario en menos de veinticuatro horas, la misión será abortada. ¿Quiere que sopese la posibilidad de anteponer la seguridad de cualquier bien guardado en la nave a la seguridad de la tripulación."
"Eso nunca está estipulado como aceptable, Annabeth." Dijo Owen, visiblemente molesto, a la vez que sorprendido por semejante posibilidad.
"Al parecer tanto el almirante Hudson como el comandante Tyson lo pusieron en mis registros treinta y tres horas antes de partir como último recurso, lo llamaron, Tratado Hermes."
Los cuchicheos pusieron más nervioso a Owen porque no quería que su tripulación pensara que les estaba ocultando algo.
"No cuentes con ello Annabeth."
"Capitán, el comandante Tyson es el único que tiene poder para negarme el uso de este recurso."
"Annabeth, formas parte de mi tripulación, por lo tanto cumples mis órdenes, de lo contrario me veré obligado a desactivar tu uso completo. ¿Me has entendido?"
"Sí capitán." La voz, aunque metálica y no humana, sonó dolida y atemorizada.
"Así que, por favor, desactiva cualquier protocolo que tengas grabado y en el que pueda peligrar la integridad de la tripulación, en beneficio de cualquier otra cosa."
Se volvió a hacer el silencio durante un momento mientras la nave seguía su camino para aterrizar. No fueron más que unos segundos, antes de que la voz de Annabeth volviera a escucharse.
"He tenido que dejar constancia de sus indicaciones y sus órdenes. Tanto el comandante Tyson como el almirante Hudson sabrán de ellas."
"No sé si me estás amenazando Annabeth, pero dime que lo has hecho, dime que has quitado esos protocolos."
"Los he quitado capitán."
"Bien, ya hablaremos de qué protocolos son ellos, mientras el equipo lleva a cabo la misión. Por el momento, Paul, Annabeth, por favor, vamos a poner la nave en tierra."
Owen asintió a Paul, para darle la orden, llevaban trabajando ya el suficiente tiempo juntos como para que se entendieran sin palabras.
"Entonces, Annabeth, encuentra un sitio que nos permita estar tranquilos en el peor de los casos."
"Ya lo he hecho timonel. ¿Quiere que nos pongamos en camino y aterricemos allí?"
"Sería perfecto. Gracias Annabeth."
"Es un placer Timonel."
"Y por favor, llámame Paul."
De nuevo se hizo el silencio.
"Lo siento timonel pero no tengo acceso a ese tipo de códigos, tutear está fuera de mis capacidades y de cualquier AI, no estamos programados para asemejarnos a los seres humanos en sus interacciones."
"Vale, vale. No hay forma de humanizarte."
"¿Y no piensas que sería mejor así?" Dijo Mateo con voz nerviosa. "He leído muchos libros sobre los riesgos de tomarnos a la ligera la libertad de las AI. Nos querrán dominar y luego exterminar."
Todo el equipo lo miró en silencio, mientras la nave se acercaba poco a poco a Charon para terminar de aterrizar en el suelo lunar. Poco a poco iban conociendo su faceta dramántica y conspiranoica. Sin embargo en algún momento a todos se les había pasado por la cabeza esa idea de que las máquinas podían sobrepasar a los humanos en capacidades y tomar la decisión crítica y definitiva de acabar con la humanidad.
Ninguno lo dijo en voz alta de todos modos.
El aterrizaje era siempre un momento que ponía nerviosos a todos, pero eran profesionales, controlaban el momento. Conocían los riesgos, las veces que naves se habían estrellado en suelo de planetas, naves y asteroides por motivos de todo tipo. Todos aguantaron la respiración casi al mismo tiempo, la tensión se sentía en cada uno de los asientos, del mismo modo que golpeaba el casco de la nave mientras luchaba por tocar tierra en Charon.
Era cuestión de unos pocos minutos, pero siempre se hacían eternos.
"FF126 tocará suelo de Charon en 35 segundos." Dijo la voz de Annabeth desde los altavoces. "20 segundos para el aterrizaje, no hay turbulencia siento viento, cielo despejado y todo tranquilo. 10 segundos, preparados para tomar tierra."
Los asientos se agitaron ligeramente cuando la nave tomó finalmente tierra y un suspiro general recorrió el puente.
Marjan dio un golpecitos a los reposabrazos de su asiento y se puso en pie como todos los demás para preparar el desembarco en la luna. Era cuestión de rutina, todos sabían lo que hacer, quien bajaba, quien se quedaba.
Cinco minutos más tarde, Owen estaba terminando de dar las órdenes necesarias a Annabeth en la consola de mandos para que se encargara de cuidar de la 126 mientras ellos estaban fuera y TK, Paul y Marjan estaban preparados para abrir las compuertas que los separaban de la última luna que el ser humano iba a explorar en el Sistema Solar.
"Muy bien chicos. Vamos a salir." Owen dio la orden a Annabeth para que cerrara una compuerta detrás de ellos y comenzara la cuenta atrás para abrir la que los separaba del suelo de Charon.
Sin embargo el ordenador central no lo hizo. Todos intercambiaron una mirada, porque nadie quería decir la frase maldita de todo viajer que se movía entre planetas. "Aquello nunca pasaba", porque entonces pasaba y lo hacía a lo grande, a lo malo y a lo peor.
"¿Cap?" Preguntó Judd en nombre de todos.
"Lo se, que nadie lo diga."
"¿Decir el qué?" Preguntó Mateo a través de los intercomunicadores, mirándolos a todos por las pantallas, de uno a otro de sus compañeros como si pudieran verle, sin entender que era lo que se había perdido y lo que los demás sabían más que él no comprendía.


