Capítulo 2: Las Sombras del Silencio
La brisa suave del amanecer acariciaba el rostro de Kael mientras él y Erya caminaban por los antiguos senderos del bosque de Althar. Sin embargo, algo en el aire parecía inquietar a la joven reina. Aunque la maldición había sido rota y el silencio había dado paso a la vida, una sensación extraña persistía en el ambiente.
- El reino vuelve a escuchar, pero el eco del silencio no ha desaparecido del todo - murmuró Erya, deteniéndose bajo un roble centenario.
Kael frunció el ceño, sin comprender del todo. Había creído que al encontrar el Cristal de la Voz todo habría terminado. Pero ahora entendía que aquello solo había sido el primer paso.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó, preocupado.
Erya alzó una mano, y en el aire comenzó a formarse un tenue resplandor, como si los restos de la maldición aún flotaran en el ambiente. Al mirarlos de cerca, Kael se dio cuenta de que eran pequeñas sombras, diminutas figuras que susurraban palabras incomprensibles.
- Estas son las Sombras del Silencio - explicó Erya - . Fragmentos de un antiguo poder oscuro que se niegan a desaparecer. Están buscando una forma de volver. Si no los detenemos, todo lo que hemos logrado será en vano.
Kael observó las sombras flotantes con cautela. Había oído hablar de ellas en viejas leyendas, criaturas que habitaban entre mundos, capaces de devorar el sonido y sumir a cualquier ser en la más profunda soledad.
- ¿Cómo las detenemos? - preguntó Kael, dispuesto a seguir adelante, aunque su corazón latía con fuerza ante la idea de enfrentarse a algo tan desconocido.
- Debemos encontrar el Corazón del Eco, un lugar oculto donde se originó el hechizo que me atrapó - respondió Erya - . Solo allí podremos destruir las sombras para siempre. Pero el camino no será fácil…
Antes de que pudiera terminar la frase, un temblor sacudió el suelo. Las sombras comenzaron a agruparse, tomando forma, y de pronto, una figura oscura emergió frente a ellos. Era alta y delgada, con ojos como pozos de vacío que absorbían la luz a su alrededor.
- Bienvenido, héroe. Y tú, reina desterrada… - dijo la criatura, con una voz que resonaba como un eco distante - . No creas que podrás escapar de nosotros tan fácilmente. El silencio es eterno, y tú solo has despertado lo que nunca debió ser tocado.
Kael empuñó su espada, aunque sabía que el acero poco serviría contra las sombras. Erya se adelantó, extendiendo las manos. Un destello de luz emanó de sus dedos, alejando a la criatura por unos instantes.
- ¡Rápido, Kael! Debemos movernos antes de que regresen más fuertes.
Corrieron por el bosque, siguiendo los antiguos caminos marcados por los druidas de Némora. A cada paso, Kael sentía que las sombras los acechaban, pero Erya mantenía su luz encendida, protegiéndolos.
- ¿Qué es esa criatura? - preguntó Kael mientras avanzaban.
- Es uno de los Sirvientes del Silencio - explicó Erya, con el rostro serio - . Fueron creados por el mago Oscarian hace siglos. Cuando intentó arrebatarme el trono, lanzó el hechizo que me atrapó y sumió al reino en el silencio. Pensé que al romper la maldición, su poder se extinguiría… pero parece que aún queda parte de su oscuridad.
- ¿Entonces Oscarian sigue vivo? - preguntó Kael, temiendo la respuesta.
- No lo sé - respondió Erya - . Pero si está vivo, él será quien controle a las Sombras del Silencio. Y si lo enfrentamos, necesitarás más que una espada.
Kael apretó el puño. Sabía que debía prepararse para lo que venía, aunque el camino fuera incierto. El destino del reino dependía de ellos, y esta vez, el enemigo no era solo el silencio, sino las sombras que lo habitaban.
Mientras se adentraban en lo más profundo del bosque, una tenue melodía comenzó a escucharse a lo lejos, como un eco distante que traía consigo recuerdos de tiempos antiguos. Kael miró a Erya, pero ella no parecía sorprendida.
- Es el Canto del Corazón del Eco - dijo la reina, con una leve sonrisa - . Nos está llamando.
Y así, entre las sombras y los ecos del pasado, ambos continuaron su camino, sabiendo que la verdadera batalla aún estaba por llegar.


