Capítulo 3: El Canto del Corazón
El sonido se tornaba más claro a medida que Kael y Erya avanzaban por el bosque. No era un canto común, sino una melodía etérea que parecía provenir de todas partes y de ninguna a la vez. Cada nota resonaba en el aire como si estuviera tejiendo el camino hacia un lugar más allá de lo visible.
- Este canto… lo escuchaba de niña, mucho antes de que Oscarian lanzara el hechizo - dijo Erya, con un brillo melancólico en los ojos - . Decían que solo quienes poseían un vínculo con el eco del mundo podían oírlo.
Kael observó a la reina mientras caminaban. Aunque parecía frágil por fuera, había en ella una fortaleza oculta, como si el tiempo que pasó atrapada entre los ecos le hubiese dado un poder que él aún no entendía.
- ¿Qué es exactamente el Corazón del Eco? - preguntó Kael, rompiendo el silencio.
- Es la fuente del equilibrio sonoro de Némora - explicó Erya - . Es un lugar antiguo, creado por los primeros guardianes de este mundo. Cuando Oscarian trató de controlarlo, desató una fuerza que no pudo manejar, y fue entonces cuando surgieron las Sombras del Silencio. Solo allí podremos restaurar completamente el flujo de sonido y acabar con ellas.
Kael asintió, aunque la explicación le dejaba más preguntas que respuestas. Mientras avanzaban, el bosque comenzó a cambiar. Los árboles eran más altos y sus hojas emitían un leve susurro al moverse, como si estuvieran vivos. El suelo estaba cubierto de flores plateadas que brillaban tenuemente, iluminando el camino bajo la tenue luz del amanecer.
De repente, el canto cesó.
- ¿Por qué se detuvo? - preguntó Kael, tensando la mano sobre la empuñadura de su espada.
Erya frunció el ceño, alerta. Sabía lo que significaba aquel silencio repentino.
- Estamos cerca… pero no estamos solos.
Del aire surgieron figuras oscuras, parecidas a la que habían enfrentado antes, pero esta vez eran muchas más. Rodearon a Kael y Erya, moviéndose en círculo, sus ojos brillando como pozos sin fondo.
- No podrán llegar al Corazón - dijo una de las sombras, con una voz fría y cortante - . Oscarian no permitirá que destruyan lo que él creó.
Kael se preparó para atacar, pero Erya lo detuvo con un gesto.
- La violencia no servirá aquí - susurró - . Estas sombras se alimentan del miedo y la ira.
La reina cerró los ojos y, con un profundo suspiro, comenzó a entonar una melodía suave y antigua. La luz que emanaba de sus manos se intensificó, y las sombras retrocedieron ligeramente, como si aquella canción las debilitara.
- Kael, sigue la luz y no mires atrás - dijo Erya, mientras continuaba cantando - . El camino al Corazón se abrirá frente a ti. Yo te alcanzaré pronto.
- ¡No pienso dejarte sola! - protestó Kael, pero en ese momento, el suelo bajo él comenzó a resplandecer, marcando un sendero hacia lo desconocido.
Las sombras, debilitadas por el canto de Erya, vacilaron por un instante. Kael dudó, pero sabía que debía confiar en ella. Corrió por el camino iluminado, adentrándose aún más en el corazón del bosque.
Mientras corría, podía sentir el eco de la canción de Erya acompañándolo. El aire se volvió más denso y cargado de energía, hasta que finalmente, llegó a un claro. En el centro, se alzaba una estructura cristalina que parecía latir con vida propia. Era el Corazón del Eco, una fuente de luz y sonido que irradiaba una energía serena pero poderosa.
Antes de que pudiera acercarse, una figura oscura se materializó frente a él. No era una sombra cualquiera, sino un hombre de aspecto imponente, vestido con ropajes oscuros que parecían absorber la luz del entorno. Sus ojos eran dos abismos sin fondo.
- Kael… - dijo la figura, con una voz que resonó como un trueno - . Has llegado muy lejos, pero aquí termina tu viaje.
- ¿Quién eres? - preguntó Kael, aunque en su interior ya conocía la respuesta.
- Soy Oscarian, el señor del Silencio. Y no permitiré que destruyas lo que tanto me costó crear.
Kael desenvainó su espada, consciente de que aquella batalla no sería como ninguna otra que hubiese librado antes. Oscarian era más que un enemigo; era la encarnación misma del silencio y la oscuridad que había oprimido a Némora durante un siglo.
El Corazón del Eco


